La Obsesión de Marie (Parte 4)

By Santiago Arlett

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Marie nunca hablaba de su vida personal, sus sentimientos, sus proyectos o aspiraciones. En ese aspecto era celosa de quizás qué misterio o secreto insondable que llevaba con ella. Amaba la vida por la vida misma.

Jimmy sabía que ese día iba a ser un día muy especial. Se sentía flotar en el aire un aroma de despedida. Luego Jimmy se enteraría que había nacido en el seno de una familia que adolecía de serios problemas de índole sico-social, y uno de sus escasos amigos – que había venido a visitarla desde su barrio de Brossard - le había confidenciado que Marie nunca se detenía por mucho tiempo en un mismo lugar.

Como era habitual, Jimmy llegó a visitarla. Sin preámbulos, se tumbó de espaldas mientras ella se montaba encima de él en posición reversa, y tomando su pene de semental entre sus albureas manos se lo fue introduciendo lentamente en la vulva, hasta que los negros pelos de él y los rubios pelos de ella se entremezclaban en cada acompasado vaivén.

Dave contemplaba la escena. Tímido, paralojizado e incrédulo. La puerta había quedado entreabierta y había traspasado el umbral sin saber el motivo de la invitación de su compatriota canadiense Marie al verlo, sonrió con picardía a la vez que se dejaba caer con todo su peso para que la enorme arma se adentrara por completo y motivar a su amigo a adentrarse en el juego. Luego se acomodó encima de su ardiente amante comenzando una deliciosa serie de movimientos ondulatorios. Ora se inclinaba hacia adelante, ora volvía hacia atrás, mientras la cabalgadura se daba en contemplar el subir y el bajar de los hermosos y pequeños glúteos, abriéndose y cerrándose en cada sucesiva embestida, mostrando el pequeño y oscuro orificio como se distendía y como se contraía al ritmo de su galopar, mientras sus casi flaccidas tetas de erectos pezones se mecían cual campanas en vuelo nupcial.

En esos momentos, érase realmente una vulva pegada a una mujer. "Oh, Jesús" – solo atinó a exclamar su robusto compatriota con una clara expresión de sorpresivo estupor.

Ello era demasiado para él, quien, presuroso comenzó a desabrocharse el pantalón dejándolo caer hasta el suelo, mostrando un considerable bulto a través de su ropa interior. No tenía caso disimular su estado. Los ojos de Marie se iluminaron ante tal perspectiva que tenía enfrente: dos machos para ella sola. Ya había sido empalada por uno ... faltaba ahora solo animar al otro.

"Dave, te dije no te arrepentiría de venir cuando te hice la misma invitación que a Jimmy. Verdad que no te ha disgustado?"

Por toda respuesta, Dave, despojándose de los sleep, dio inicio con su mano izquierda a frenéticas sacudidas de su pene, porque si bien su verga no era tan poderosa que la de partner del momento, su característica radicaba en su impresionante grosor a falta de longitud. Una gran cabeza coronaba un robusto tronco que, con las venas prontas a estallar ante la perspectiva del inesperado goce, perlaban ya en su orificio algunas gotas de la anhelada esperma que pugnaba por salir de su prisión. Era un hombre aparentemente sano y de constitución más bien regordeta. De alrededor de cuarenta años, también era de origen canadiense, pero de la ciudad de Toronto. Allí me enteré que él había sido el causante de apodo de blondie. Eterno enamorado de ella, pero frustrado en sus requerimientos amatorios. Ahora la tenía – aunque no sola para él – al menos a su voluntad.

En realidad, muchísimo más experimentada que las demás mujeres de su edad, Marie se había dado cuenta que Dave solo esperaba una oportunidad para llevar a cabo sus ocultos e hipócritas deseos hasta las últimos extremos, pero por tratarse de un hombre incontrolable y a veces violento, sumado a ello su corpulencia, siempre había íntimamente deseado disfrutarlo, pero, al menos no en soledad. Mientras tanto, Jimmmy se había adentrado hasta la misma raíz. Esto era evidente dada la posición que jugaba Marie subiendo, bajando, rotando e inclinándose ora hacia adelante, ora hacia atrás, mientras ambas manos la sujetaban firmemente por las caderas. El espectáculo tenía a Dave con los ojos desorbitados, redoblando su frenético e incontrolable masaje, corriendo y descorriendo la piel que cubría la cabeza y el tronco de tan impresionante grosor.

"Mi querido Dave – acotó Jimmy – no es misterio tu deseo y excitación por Marie. No desperdicies tus líquidos de esa forma y aprovecha de disfrutarla como te plazca."

"Sí, sí – gemía Marie sentada sobre la verga de Jimmy, aplastando con su culo los rellenos testículos de placer, a la vez que se masajeaba con ambas manos las protuberantes tetas, pellizcándose los erectos pezones y apoyándose a ratos con una mano en el cimbreante colchón.

"Sí Dave, yo se que me deseas – continuó la perversa quebequence –, siempre has querido follarme. Por eso te llamé. Haz lo que quieras, lo que te plazca, pero hazlo ya. Estoy ardiendo y necesito de ambas vergas dentro de mí. En mi culo, en mi vulva, en mi boca ... no se ... donde sea ... pero dámela ya."

La gruesa y grotesca figura de Dave no se hizo esperar ante tal invitación y, subiéndose a la cama de un ridículo y pesado salto, dirigió su hinchado pene hacia los entreabiertos labios de la blondie de sus sueños. Con su mano derecha y de una sola embestida, la introducía hasta el fondo de su garganta, mientras que con la izquierda le sujetaba firmemente de la nuca en un acto de celosa y revanchista brutalidad.

Blondie, blondie – gemía el gordo sudoroso, casi ahogando y produciéndole secas arcadas a Marie al llenarle aquella boca distendida al máximo para poder soportar su grosor. Por qué? Por qué? – gemía, creyendo torturarla de esa forma. Y atrás, y adelante, y atrás, y adelante. Había sido por mucho tiempo un gordo sufriente e infelíz. Marie se encontraba en su elemento siendo empalada hasta el fondo por dos fuegos: uno que no la dejaba desplazarse hacia adelante. El otro, que no le permitía desplazarse hacia atrás. Su lengua era insuficientemente pequeña para tal grosor y su boca no tan espaciosa como para albergarlo por mucho tiempo, así, los músculos de la cara le habían comenzaban a cansar. Zafándose bruscamente de su gordo y brutal opresor, le indicó se acostara de espaldas con las piernas muy separadas haciendo la figura de una X con las piernas de Jimmy: así tendría mayor libertad y movilidad para gozar y gozarlos, a la vez que le permitiría a Jimmy una mayor y más amplia visión de sus expuestos encantos.

De esta forma, Marie cumplía con el deseo de verse llena por la verga de Jimmy en su mojada vulva, y su boca repleta por la gruesa herramienta de Dave, de la que ya se había posesionado entre sus manos. Mientras el gordo gruñía, bufaba y gemía de placer en cada acción y movimiento aplicado por Marie, Jimmy aún de espaldas disfrutaba de los movimientos rotatorios que a su pequeño culo imprimía en cada accionar, y habiendo descubierto los exudados del estrecho orificio a escasos centímetros de su boca expuesto en toda su plenitud, se entretuvo introduciéndole el dedo del medio y auscultando las suaves membranas interiores. Lenta y suavemente comenzó el movimiento de avance y retroceso, mientras Marie hacía de su accionar una histérica cabalgata, transmitiendo a la verga de Dave el accionar de Jimmy.

De pronto el brazo de Jimmy se alargó y, apoderándose del vibrador siempre en el velador, lo introdujo sin compasión en el culo bien expuesto de Marie llenándole los intestinos. La acción desencadenó una serie de reacciones difíciles de describir: al sentirse tan fuertemente empalada en sus dos entradas de placer, con un grito gutural e ininteligible Marie redobló la fricción y la succión de la gruesa verga, Dave gemía y gritaba que quería venirse ya en un ataque de inusitado deseo. Marie redobló su cabalgata, Jimmy accionó el vibrador, Dave, no soportando más los embates de blondie y con un grito gutural y casi aterrador, inundó con un chorro interminable de caliente esperma la boca de Marie, quien continuó lamiendo, frotando y succionándo la hinchada columna. La pequeña glotona la bebió por completo, y lo mismo habría hecho con los de una docena si hubiese tenido oportunidad para ello. Se retorcía, gemía y bramaba de placer al sentir que se venía por la acción de la verga de Jimmy que la tenía ensartada hasta la misma raíz, sumado a ello el vibrador, accionado en su máxima potencia y hundido hasta el fondo mismo de sus intestinos. Era la máxima aspiración: los dos carajos se frotaban mutuamente separados por solo una tenue membrana, y Marie experimentaba los enloquecedores efectos de este triple y deseado ataque.

Sus involuntarias contorsiones, más la vibración del artefacto eléctrico, hicieron venirse a Jimmy dos veces, al tiempo que los viscosos y calientes líquidos de la verga de Dave habían dejado a Marie con su boca llena, tragándose todo el néctar sin dejar que se le escapase una sola gota de los borbotones con los que era inundada, como inundada quedase la vulva con el fecundo licor de Jimmy.

Y exhaustos los tres, luego se dieron a la muy noble tarea de limpiarse y refrescarse mutuamente, bajo una revitalizadora ducha y fragantes jabones.




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