La Obsesión de Marie (Parte 1)

By Santiago Arlett

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Marie conocía muy bien de la soledad del alma y del deseo del cuerpo. Se sabía más que atractiva, sensual. Más que intelectual, entretenida. Más que una belleza, el reflejo de la salvaje naturaleza en su más fiel expresión, habiendo llegado con el tiempo a desarrollar y dominar con maestría el difícil arte de la seducción. Su departamento era simple: pocos muebles, una mullida alfombra, una luz tenue y algunos souvenirs que la anclaban a un reciente pasado de origen griego.

Pronto, la sucesiva ingesta de los humores liberadores del mosto que había llevado Jimmy como presente, habían surtido los efectos deseados, y mientras él contemplaba con supremo deleite la blusa entreabierta que dejaba ver parte de sus grandes y nacarados senos, y el traslúcido vestido que se apegaba a sus bien torneadas y musculosas piernas, un calorcillo de irresistible goce comenzó a cosquillerar su columna vertebral convirtiéndose en el preámbulo de una prometedora velada. Hablaron del Mediterráneo, de las islas griegas y del oficio del periodismo, de la filosofía chamánica de Castaneda y de la que había sido su cotidiana vida en Quebec.

Marie, mientras, con la punta de su lengua acariciaba el borde del cristal que contenía el deshinibidor líquido, cruzando lascivas miradas e intercambiando de tiempo en tiempo la posición de ambas piernas en abierta y desafiante actitud hacia su ya semi-afiebrado invitado.

-"Oh, pequeña mía, eres divina, provocativa y cruel. Me torturas y me matas. Ven acá".

Dicho esto, y sin mayores preámbulos, tomando a Marie entre sus brazos la besó larga y apasionadamente. La silenciosa respuesta fue inmediata. Sus lenguas se mezclaron, mientras sus manos se recorrían febril y mutuamente las partes secretas, y dándose a apartar las vestimentas con febril pasión, la desnudez de ambos quedó finalmente al descubierto en una entrega abosoluta y total. Apretó el suave y tibio cuerpo de ella contra el suyo atrayéndola fuertemente para entrar en contacto cada vez mas íntimo con su grácil figura, y alzándola en vilo la llevó a otra posición, colocándola suavemente de boca sobre mullidos cojines, de manera que dejara expuestas sus desnudas y hermosas nalgas. Seguidamente, ya entre los muslos de su víctima, apuntó la cabeza de su tieso miembro hacia el pequeño y oscuro orificio y, empujando su bien bien lubricada arma poco a poco dió comienzo a los intentos por penetrar en el nicho de sus desvelos. Dudó en un instante que semejante verga la pudiese alojar no sin muchas dificultades en tan pequeño agujero y casi adolescente culo, mas, luego de unos cuantos intentos y algunos minutos, Marie acabó por recibir lenta y gradualmente - ora la cabeza, ora parte del cuerpo para muy luego y en plenitud - aquella ingenta masa de carne, nervios y vitalidad hasta los testículos, los que muy pronto se hallaban comprimidos contra su sabroso y delicado ano. Marie no estaba quieta por mientras; con ambas manos abríase al máximo los dos montículos a fin de exponer más aún su orifico y así minimizar el dolor a la vez de facilitar la entrada para que él gozara al máximo y a su antojo de sus encantos.

Pasando sus brazos en torno a sus caderas, Jimmy se apretó aún más contra su espalda y comenzó a restregarse contra sus nalgas con el miembro insertado tan adentro del recto, tanto, como le era posible. Las palpitaciones de placer se sentían a todo lo largo del henchido miembro y Marie, mordiéndose los labios, aguardaba los movimientos del macho que bien sabía iba a llevar su placer hasta el máximo. El bombeo se prolongó por varios minutos de inefable locura, mas, enloquecido de tan insana lujuria, en una embestida final, empezó a llenar sus entrañas con una cálida y profusa descarga mientras Marie, crispadas las manos y mordiendo el mullido almohadón se dejó violar e inundar con creciente generosidad.

Así permaneció él por espacio de dos eternos minutos, durante los que se iban sucediendo las descargas, cada una de las cuales era recibida por Marie con profundas manifestaciones de placer, traducidas en guturales gemidos e indescriptibles contorsiones. La cantidad de semen que Jimmy derramó en aquella oportunidad se excedió a si mismo. Había almacenado por espacio de varios días el preciado líquido y Marie recibía en aquellos momentos una corriente tan tremenda, que aquella descarga parecía más bien emitida por una jeringa que la eyaculación de los genitales de un hombre.

Después, al tiempo, extraía del cuerpo de ella, su miembro, todavía erecto y vaporizante. Ni una sola gota del preciado semen que tan generosamente había sido expelido dentro de tan exquisito nido había salido del mismo, pero por debajo de la raja destilaba aún la humedad proporcionada por la natural excitación del agotador proceso.

Exhausta, se había abandonado, resignada y pletórica a sus satisfechos anhelos.

"Todo está bien, solo que un poco cansada", pensó en voz alta por primera y única vez.

"Tengo 37 años, el tiempo más propicio en una mujer. No quiero preocuparme de lo que pase afuera. Quiero descansar para seguir haciendo el amor ... cada día, y hasta tres veces al día sí quiero. Qué complicación hay en ello? A este mundo he venido para aprender, he venido para amar. Me gustan las cachas y los polvones. Me gusta exprimir la fruta bien madura, me gusta sentirme llena de lujuria y pasión. Hay acaso algo malo en ello?"

Luego, sin mediar más palabras, desnuda, con rítmicos pasos se encaminó hacia la ducha que, abierta, la esperaba entre densos y vaporizantes aromas, mientras Jimmy - con su guerrero en reposo - obserbaba como un chorro de grueso y lechoso líquido resbalaba por las piernas de Marie al compás de su cadencioso caminar.

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