La Obsesión de Marie (Introduccion)

By Santiago Arlett

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Conoció a Marie en una librería de La Recova en La Serena (Chile), donde periódicamente se reunían algunos de los intelectuales de la zona a fin de comentar el acontecer regional.

A primera vista parecía una mujer tímida e introvertida. Observaba mucho a las personas conservando una cierta distancia en sus primeros contactos. Su rostro acusaba una mezcla de niña-mujer; de cortos cabellos rubios representaba un aire de desprotegida ingenuidad, arma tal vez desarrollada como elemento de seguridad frente a los infortunios vividos durante su adolescencia, o quizás como condición de extranjera en suelo extraño.

Era pequeña, incluso menuda, condición que en mucha gente despertaba el afán natural del proteccionismo por el proteccionismo mismo. De azules ojos y afable sonrisa, sabía perfectamente como llegar a las personas ... cuando a ella - por cierto - le interesaban. De espalda más anchas de lo normal – producto de su afición al buceo –remataba en estrechas caderas y un pequeño y juvenil trasero que con dificultad lograba rellenar sus gastados y cotidianos jeans.

Dijo provenir del barrio de Brossard en la provincia de Quebec, y gustaba – entre otras aficiones – de leer Equinox, tomar el sol desnuda, fumar cigarrillos rubios y beber preferentemente vino blanco. De no más de cincuenta kilos de peso, no se podía decir que era en sí una gran belleza ni menos una preciosidad de mujer, sin embargo, a sus 37 años no pasaba inadvertida en su contexto general: de prominentes pechos, se olía en ella y se sentía en ella, la constante sensación del deseo y del placer por el placer mismo. Jamás cuestionaba razones o puntos de vista como si estuviese siempre mucho más allá que de un futuro inmediato. Se sabía perfectamente dueña de sus encantos y como utilizarlos, y no resultaba difícil ver como despertaba el deseo y la lujuria en las miradas que de los hombres le dirigían. Tal vez por su condición de extranjera, tal vez por su condición de mujer solitaria, tal vez por una obsesión enfermiza y siempre desafiante.

Y es que sabía muy bien como tratarlos y conseguir de ellos sea cual fuere el interés propuesto. Ambigüa a veces, contradictoria otras, lo cierto es que Marie dominaba el arte de la conquista sin otro motivo que el de la conquista misma, quizás por el oculto temor al paso inexhorable de los años, tal vez por que en su fuero interno se sabía deseada.

Le gustaba jugar con las personas y las situaciones, sin medir jamás las consecuencias que ello le pudiera ocasionar. Le gustaba jugar ... y no siempre ganaba.

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